Cuentan los exegetas, especialmente los alemanes, que son los que más avanzados están -junto con los americanos- en el mundo de la hermenéutica, que la memoria es colectiva. Hasta aquí, tampoco hay nada nuevo. La ayuda de la comunidad hace aflorar los recuerdos y de esos recuerdos se retro-alimenta y se forma la conciencia colectiva que genera la imagen identitaria de los pueblos y los grupos humanos. Dicho con palabras más vulgares y más inteligibles: la memoria nunca es individual sino que necesita del grupo para recordar e integrar los recuerdos en una historia común.
Sin embargo, insisten los alemanes, en que los procesos memoriales colectivos no son neutros y eso hace que la memoria colectiva sufra cambios e incluso giros radicales, en ocasiones, definitivos e inalterables para las futuras generaciones. Es decir, que la historia varia según quien la recuerde y según las circunstancias que viven los que la recuerdan. De esta manera, se puede estudiar la guerra civil como el glorioso alzamiento o la cruzada nacional y años después hablar de la misma guerra en términos de sublevación fascista o golpe de estado. ¿Qué es lo que ha cambiado, la guerra? ¿lo que sucedió en ella? ¿los combates? ¿las represiones? que va. Ha cambiado la memoria colectiva porque han cambiado las circunstancias de esa masa que recuerda. No se hagan películas, no es una cuestión política ni el post ni la memoria, quizá ni tan siquiera la conciencia, es una cuestión hermenéutica y exegética.
Uno de los motivos que arguyen los grandes exegetas alemanes es que hay una parte de nuestros recuerdos que se atenúan o llegan incluso a olvidarse de manera inconsciente y otros que, al contrario, cobran protagonismo y alteran o acentúan el recuerdo de una parte de lo acontecido muy por encima del resto. Los protagonistas de la memoria son los que deciden, involuntariamente, qué es lo que quedará en el acerbo cultural de las futuras generaciones y qué es lo que desaparecerá o será difuminado de la ideología y de la identidad presente de las nuevas generaciones.
Y alguno se preguntará, ¿a qué viene este tostón? más cuando se trata de un artículo de una web futbolera y rojiblanca. Pues, básicamente, mi tesis viene a defender que el actual Atleti es el fruto de ese proceso de memoria histórica que ha conseguido hacer del club de nuestros amores lo que es ahora, un amasijo de sensaciones y experiencias incomunicables que nadie sabe definir y que no camina hacía ninguna dirección porque nadie sabe de dónde viene. Un ente del que todo el mundo habla como si conociera de manera intuitiva pero que nadie sabría cómo juzgarlo porque le faltan referentes pretéritos y un consuetudinario pasado histórico en el que mirarse. En otras palabras, no existe memoria colectiva ni, por lo tanto, conciencia atlética. No tenemos signo de identidad.
El aficionado culé no sabe quién era Ramallets ni Manchón ni César, y si mi apuran, ni Kubala. Sin embargo, el Barça no es un club falto de identidad porque la construye cada día. No hay fractura entre pasado y el presente sino transición y mejora, de tal manera, que los tiempos presentes son tan importantes como los remotos, así, nadie recordará la final de Sevilla o la de Atenas después de vivir las de Londres, París y Roma. Para los más suspicaces, son sólo ejemplos, no se agrieta mi firme convicción rojiblanca. De la misma manera, los aficionados merengues pasaron de la generación de los Juanito, Gallego, Stielike, Santillana y compañía a la quinta del buitre y la llegada de los nuevos atenuó el recuerdo de los anteriores.
Los hechos pasados no se olvidan pero su recuerdo se desvanece poco o poco con la llegada de nuevos acontecimientos presentes que los sitúan en un segundo plano, que dan una mayor perspectiva a la historia. Alguno creerá que el Sevilla vive actualmente sus mejores años pero el Sevilla descendió a Segunda junto con el Atleti y eso ya no es más que una anécdota a tenor de sus títulos y sus éxitos recientes. ¿Lo ven? Sólo se recuerda aquello que supera la rutina o la normalidad y son estos mismos sucesos los que construyen nuestra memoria y nuestra identidad. Pero aquello que fue importante en el pasado, una vez fue añadido al estrato cultural e identitario, se olvida ante un nuevo acontecimiento, que por más fresco, se recuerda con más fuerza.
Vayamos a nuestro Atleti. ¿Qué ha pasado en los últimos años digno de ser recordado? Nada. Desde el descenso a Segunda, el Atleti ha pululado por la Liga de las estrellas sin pena ni gloria ante la opinión pública y ante muchos atléticos que tampoco esperaban nada más del equipo. El último recuerdo heroico se remonta a hace más de trece años. Demasiado tiempo.
Además aquel glorioso "doblete" tampoco sirvió como despegue de nada ni fue la culminación de nada porque aquel Atleti ya era un club en crisis que no ganaba una Liga desde hacía casi veinte años y que tenía aún en el recuerdo la final de Copa de Europa perdida contra el Bayern. Los hitos rojiblancos se dilatan tanto en el tiempo como poca mantequilla extendida sobre mucho pan. Además, la llegada de Gil y Gil al Club supuso una ruptura evidente con la historia rojiblanca anterior. Jesús Gil se presentó en el Atleti como un mesías y lo fagocitó hasta convertirlo en una más de sus actividades lucrativas. Con la llegada de Gil, hablar del Atleti era hablar de su polémico y, a la postre, chanchullero presidente. Todo ello por no hablar de los millares de "desertores" que abandonaron el Club, en principio, hasta que se fuera el mafioso marbellí pero, finalmente, para no volver jamás.
De tal manera que el Atleti actual es un club joven, sin ligamen posible con su pasado más espléndido que destaca por encima de todo por lo exótico, lo esperpéntico, lo pintoresco y lo inesperado. Cada vez más pobre, cada vez más pequeño y cada vez más ligado al fracaso y ajeno al éxito. La historia rojiblanca, exclusivamente futbolística, queda tan lejos que la novel afición colchonera ha buscado otros hitos más volubles, más etéreos y con más gancho que la mediocridad deportiva. Sin duda, con la Sra. Rushmore encontró el Club un filón pero todo lo que se nos trasmite desde la casa atlética es sólo humo, ilusión y fanatismo a los colores hasta rozar lo irracional y lo grotesco. De nuestra historia ya nadie se recuerda porque ya no queda nada que recordar, ya no somos un equipo de fútbol sino una "marca" que no produce nada pero que se sigue vendiendo aunque ya no se mida por el rasero de lo futbolístico. Una vez más, en voz muy alta: Pobre Atleti.
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El otro dia, discutí con un hincha rojiblanco. Me decía que somos sufridores. Yo le dije que un equipo que ha ganado más de 20 títulos no puede ser sufridor pues según esa teoría todos los demás clubes españoles, menos Barca, Madrid y At.Bilbao, han ganado menos títulos por lo tanto serán más sufridores.
Una cosa es sufrir por no ganar algo cuando se intenta hasta el final y otra es sufrir con la mediocridad actual del Atleti.
Cada día mi Atleti se muere y pocos se dan cuenta de ello. Menos mal que quedan webs y gente como Pobre Atleti que siguen defendiendo al verdadero Club At.Madrid.
un abrazo.
La llegada de los Giles supuso en su día una desnaturalización tal de la entidad que va a ser dificil recuperar en mucho tiempo. Es muy complicado saber hasta que punto el alma colchonera tiene posible rescate después del crimenmental cometido. Análisis como este ayudan a identificar el daño y a poner las bases del futuro amanecer rojoblanco: en cuerpo y alma.
Preámbulos cómo éste que has expuesto o cómo los que escribe Ennio con esas referencias culturales siempre bien traidas o el mismo fernando con sus aportes históricos y los de tantos colaboradores de esta web me hacen pensar que Pobreatleti se dirige hacia la excelencia global jejej en lo futbolístico ya lo tenemos porque somos del Atleti y en lo cultural estamos en ello.
Pobreatleti informa, Pobreatleti divierte y Pobreatleti kulturiza.
Un abrazo
No hay que quitarle mérito a este proceso de adaptación a través del cual se consigue una identidad de club y, a falta de títulos o de buen juego, a falta de emoción en el terreno se le pasa la pelota a la afición. Y se crea un club supuestamente de fútbol en el que el protagonista no es el balón, sino la afición.
Hemos creado dos cosas importantes: 1. el convencimiento de que la afición colchonera es la que puede sufrirlo todo, la capaz del "más difícil todavía" y todo el mundo sí sigue recordando como "gracias a la afición" se pasaron dos años en segunda pero se consiguió volver a recuperar al club y la categoría (fíjate que este hecho sí se recuerda constantemente y desvanece el hecho de haber estado en segunda por dos años y sus causas). Y 2. la idea de que nuestro listón es Europa. Y qué más quieres Baldomero.
Gracias al tiempo y a la falta de títulos, se borran los recuerdos de las grandezas del Atleti. Así ya nadie va a querer reclamar lo que no sabe que existió. Entrar en zona europea es el éxito y si no se consigue, esta gran afición, que sube de segunda, que tiene fe, que no está tan mal porque al fin y al cabo esto solo es fútbol y hay cosas mucho más graves en la vida que no ganar al fútbol, que es una afición que está unida por encima de todo...esta afición, aunque no sea capaz de poder explicarlo (¿por qué somos...?), sigue siendo del puñetero Atleti.
Los medios de comunicación ayudan muy bien a crear memoria colectiva. Suerte que gente como vosotros nos ayuda a "recordar" objetivamente. Por cierto, esa cronología tan estupenda que hizo Fernando, ¿por qué no la destacamos permanentemente con un banner?
Un beso, querido Billie y siempre gracias por tu constante esfuerzo. Y al de todos los amigos de Pobre Atleti.